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miércoles, 2 de marzo de 2016

Palabra y mito entre los awajun


Por Wilson Atamain

Abstract

La lengua para los awajun no es una mera transmisión de mensajes que involucra al emisor y receptor. La lengua deja fluir códigos de significaciones y sentimientos, modos de vida y agenciamiento de espíritu; fortalece emociones y brinda pautas para el desarrollo físico e intelectual. El mito es el predicado que hace posible no sólo el proceso de dotación del habla sino también la fortaleza espiritual de todo individuo awajun. En la pedagogía awajun, son los hombres con palabra y las mujeres según su estilo, los que pueden enseñar adecuadamente. Los chichamtin, son los hombres con palabra, característica que detentan los verdaderos jefes, fueron y siguen siendo los que ponen en práctica la afirmación del lenguaje, otorgando el legado de la lengua a la nueva generación. No obstante, un futuro incierto amenaza con perder este legado por lo que repensar la palabra, por extensión, la lengua es el reto que afrontan el pueblo awajun.

Palabras claves: Palabra, mito, lingüística awajun, lengua materna, pueblo awajun.

En la oscuridad de la noche cuando el sol ha posado sus últimos rayos, se inquietan los arboles con el soplar de los vientos tenues que agitan las hojas y gradualmente casi todo enmudece como por alguna fuerza que confluye en común acuerdo de reposo efectuado por los seres vivientes. Solo el canto petrificante de un búho que ronda en la oscuridad de la noche, algunas ranas que emiten un croar tan profundo como si estuvieran programados para infundir miedo y los grillos que acompañan con sus sonidos como si se tratase de una composición lúgubre destinada a penetrar el alma con una dosis de miedo y terror, se oye en lo profundo de la selva. La cama en que los pequeños están acurrucados ofrece un seguro casi precario, pero mejor que nada frente a los peligros que trae consigo la oscuridad de la noche. El fuego que se encuentra en la parte central de la casa, se apaga a medida en que se consume la brasa y la madera, la oscuridad pronto ronda en todo y no hay forma de ver el entorno. Los pequeños niños se envuelven con la cubierta de una sola pieza y se quedan quietos más por susto que produce el entorno que por guardar silencio durante la hora de dormir. En casa el grupo familiar está constituido por los padres, sus tres hijos y una hija casada y los tres nietos (hijos de esta última hija). De acuerdo a la práctica tradicional awajun, la residencia de un grupo familiar se establece a más de medio kilómetro de distancia respecto a otro grupo familiar, por lo que el silencio es tan amplio. Debido a que los awajun consideran que el espacio amplio es necesario para el desarrollo del grupo familiar, prefieren evitar la cercanía y el relacionamiento entre grupos familiares son poco frecuentes y se efectúa en tanto sea considerablemente necesario.

Una y otra voz casi de murmullo se escucha cada cierto tiempo, pero las conversaciones a voz fuerte semejantes a las que se dan durante la luz del día, por regla general no se efectúan. Y, entre los residentes, uno de los hijos adolescentes pide a su padre que narre un mito. ¿Por qué el mito? Dado que los relatos cotidianos por regla general se dicen durante el día, antes del ocaso del sol y los asuntos serios se dicen en la tranquilidad de la noche o rayando el alba, al amanecer como veremos más adelante. Sabemos por diversos estudios en antropología que el mito, es para los “primitivos”, la llave que abre las puertas que conducen a la riqueza ancestral, donde discurren saberes y conocimientos, valores y normas de vida y, sobre todo, hace fluir el pensamiento y la imaginación a insondables destinos. 

De pronto, el gran jefe de familia, produce un sonido ronco entre la garganta afinando de este modo la voz para así iniciar la narración de un mito. El jefe dice: “Nugkui augmáttsatjai”, contaré el mito de Nugkui, y a continuación inicia la narración con pausas para explicar con detalles aspectos que considera necesarios e importantes. La voz del jefe encierra una sabiduría, una lección y una forma de comunicación de la ciencia de los ancestros; aquí se produce un verdadero movimiento de transferencia y traslado del pasado hacia el presente, el mito es su predicado, la llave que abre las puertas que conducen al universo cultural awajun. No es una mera acción comunicativa donde asisten como en un teatro, los actores y el auditorio, dicho de otro modo, el emisor y el receptor; por el contrario, encierra una fuente inagotable de significados y sentimientos que conectan con el oyente -el mito del Iwash, el espíritu del bosque, pone los nervios de punta-. Los “salvajes” hacen uso del mito como si se tratase de una gran biblioteca cuyos libros siempre están abiertos y emanan conocimiento, agenciamiento, sabiduría y significaciones. Por ejemplo, el mito de Etsa, es un mito de tipo ambiental pero también de tipo político; muestra como los jibaros se organizan y disponen sus tierras y tejen las relaciones sociales (la familia y aliados por un lado y por el otro a los enemigos y los no conocidos). También, el mito del Jempe, el picaflor que dotó a los hombres con el fuego, hace referencia no solo del fuego sino de la dimensión de la humanidad presente en los animales (en aquel entonces los seres que habitan la tierra y el universo eran hombres). Cada mito es como un libro y según su temática y contenido tiene algo que decir, conecta con el individuo -con el oyente o receptor-, canaliza significados y sentimientos, valores (esfuerzo, valentía, caridad, etc.), política, religión, economía, entre otros. 

Y, ¿Por qué el jefe o el hombre mayor es el indicado para referir los mitos? En la cultura awajun, los jefes tienen el poder de la palabra, pero ese poder no es una simple cualidad que pueden detentar los hombres: se adquiere ese poder en tanto se ha adquirido la visión del ajutap. El hombre visionario del ajutap es el hombre que tiene palabra, es poseedor de la palabra. Y, ¿Qué acerca de la palabra de los demás hombres y de las mujeres? Siendo este la naturaleza de la lingüística awajun que efectúa una clara división de aquellos que tienen palabra y los que no la tienen, cualquier ser humano puede hablar, pero no todos pueden detentar poder en la palabra. Solo los waimaku, los hombres visionarios, pueden ser “escuchados” porque su palabra lleva consigo ese poder oculto que podemos conocer pobremente en nuestro lenguaje como legitimidad. De hecho, en awajun chicham es palabra y la misma raíz se usa para designar a la persona que tiene ese poder de la palabra, chichamtin es el que tiene la palabra, el que posee buena habilidad en la oratoria, el que habla sin miedo. Se suele también decir, chicham antugtai, persona cuya palabra es escuchada, describe a la persona cuya palabra se escucha porque no es cualquier palabra, porque es palabra del jefe, palabra del hombre visionario, palabra legítima. Al parecer es una división cruel y excluyente pero no lo es en tanto que los hombres con palabra no usan su palabra para anular a los que no la tienen, o mejor, dicho de otro modo, la palabra del jefe no sirve para ejercer violencia sobre los demás miembros del grupo familiar; por el contrario, la palabra del jefe está al servicio de los demás por cuanto es palabra con poder y legitimidad. Tener la palabra no solo es asunto de poder, contiene obligaciones y responsabilidades: el jefe debe responder a las exigencias del grupo familiar, debe responder ante la demanda del joven adolescente “Apawá, augmattai augmattsatae” (“Padre. Cuéntanos un mito.”), su disposición para responder con un “Ayúu. Augmattsatjai…” (De acuerdo. Contaré…) siempre estará marcado con una dosis de paciencia y su capacidad en la oratoria (el jefe afina la garganta y se prepara antes de su narración); el jefe debe dejar abrirse como una gran biblioteca y dejar discurrir la ciencia de los antepasados, la historia, la sabiduría y los principios que mantienen unidos al grupo étnico. En otros términos, el jefe hace discurrir para el grupo familiar significaciones y códigos semióticos, deja pasar sentimientos, permite discurrir el código genético de tipo cultural. Dado que el mito no es un mandato todo se deja discurrir, en su paso configura sentimientos, inunda el espíritu, genera afectos, genera sensaciones y pone los bellos de punta.  

La oscuridad de la noche es un espacio y medio donde la palabra fluye y el lenguaje es asimilado por los más pequeños y los demás miembros del grupo familiar. Son los hombres, para ser más precisos, es el jefe del grupo familiar el que tiene el monopolio de la palabra en la noche, la esposa quien duerme a lado del jefe-marido en el lecho marital, dado que otras veces el esposo-jefe duerme a solas en una cama de uso exclusivo, algunas veces habla con voz de timbre bajo para no cortar la comunicación del jefe y lo hace para acotar algún detalle que el jefe puede omitir o también, cuando el jefe le pide que le recuerde algún aspecto del mito que no recuerda con claridad. Esto no es casualidad, obedece a una división sexual del tiempo, semejante a la división sexual del trabajo en la economía awajun, aunque ambos resultan complementarios, las tareas específicas son exclusivas: por regla general los hombres tienen la noche a su disposición, la noche pertenece al hombre por así decirlo, mientras la mujer puede desenvolverse libremente durante la luz del día, en esencia y siguiendo esta lógica podemos decir que la mujer es ser-para-el-día. La única excepción es que el día no es exclusivo para la mujer, los varones también lo comparten sin ninguna restricción. En tanto ser para la noche, los hombres se internan en los bosques para las jornadas de caza, ya sea en grupo o solitarios van en busca de animales nocturnos como algunas especies de monos, armadillos, pecarí y otros animales. En tales jornadas, si se efectúan a distancias largas, tomarán días de viaje por lo que la compañía de las mujeres es necesaria, pero, aun así, la mujer permanece en la cabaña construida precariamente para pasar la noche, provisto de fuego para espantar los animales peligrosos como el jaguar y las serpientes. Siguiendo esta regla, la mujer no debe andar a solas en la oscuridad de la noche, se dice que los demonios las pueden raptar, que los espíritus pueden hacer daño y varones extraños pueden intentar estar con ella.

La palabra del jefe se pronuncia también al amanecer, es el tiempo ideal para anunciar a los hijos las normas de convivencia familiar y del grupo étnico. El jefe se levanta y enciende el fuego que se ha consumido durante la noche. Primero debe preparar el momento antes de pronunciar su discurso largo y no por eso exento de sentido. Una vez preparado el fuego, el jefe se sienta en su asiento denominado chimpui, un asiento exclusivo para los varones y de entre los varones de la casa es también exclusivo solo para el jefe. Con la espalda descubierta, está sentado de espaldas respecto al fuego, cuyas llamas se avivan y se vislumbran los cuerpos, aunque algo borrosos, el jefe se dirige a los miembros de la familia con potente voz y habla sobre las normas de convivencia, la forma en que los ancestros vivían, lo que se espera de todo joven y mujer. A continuación, habla acerca de las fortalezas del verdadero hombre, un hombre pleno debe ser waimaku, debe tener visiones, debe ser fuerte física y emocionalmente, fuerza de espíritu y fortaleza física. Estas dos dimensiones están unidas, lo físico y el espíritu del hombre deben ser fortalecidos. Un no-waimaku, no tiene palabra, un no-waimaku no tiene valor para afirmarse, un no-waimaku no puede disuadir a los demás con su palabra. Terminado el discurso, el jefe prepara el waís, una especie de mate que los awajun preparan como infusión para su profilaxis y limpieza del estómago. Cuando la infusión está lista se sirve aún caliente en los recipientes agkúnip, invita a los hijos a tomar de la infusión y se dirigen fuera de casa para gargajear y vomitar las impurezas del estómago. Finalmente, el jefe se dirige al río, los hijos también le siguen, donde se dan su merecido baño matutino.

En el extremo opuesto se encuentra el ser-femenino, la mujer experimenta también una forma particular de waimamu, también ella puede ser dotada de visiones. Diremos pues, que, a su estilo, la mujer awajun es una mujer de coraje, una mujer fuerte pero delicada en el trato, en especial de sus hijos, con tacto para la educación y disciplina de los hijos. Ella es la responsable de enseñar a sus hijas y anima a los hijos a seguir las pautas que el padre-jefe refiere a los varones. Tratándose de un pueblo de guerreros, no es sorprendente ver a las mujeres compartir los mismos principios de valor y coraje frente, su apuesta por la libertad que hará prevalecer, pero todo ello, muy a su estilo, diríamos al estilo femenino. Dado que su responsabilidad de enseñanza va dirigida a las hijas, la carga familiar es compartido con la contraparte masculina, los esposos se encargan de la educación de sus hijos.

Ahora bien, la función de la palabra va más allá de la acción comunicativa. En la lingüística awajun, la palabra es el sujeto y el mito su predicado, ambos conforman el motor que hace posible la formación y educación awajun, una pedagogía integral donde se reconoce no solo el desarrollo físico del ser-animal sino también el desarrollo espiritual, dimensiones que los “Salvajes” habían sondeado desde el principio de los tiempos. El cuerpo-físico puede desarrollarse y crecer, para ello es necesario solamente el suministro de alimentos; la otra dimensión es el espíritu, esta dimensión requiere alimentarse mediante la disciplina constante para su desarrollo. Para el desarrollo físico no hay nada más que discutir, en asunto del espíritu el desarrollo es mucho más complejo: el espíritu se fortalece cuando el conocimiento ha discurrido en el sujeto, cuando se produce un agenciamiento entre el ser-sujeto-espíritu y la visión del ajutap (espíritu del ajutam, fuerza del antepasado, fuerza de la naturaleza o fuerza cósmica), esto es el devenir Uno entre el espíritu del sujeto y el espíritu del ancestro o fuerza del universo. Se trata de un agenciamiento en el plano de la física cuántica, el espíritu de un sujeto se hace uno con la fuerza exterior a él, partículas moleculares que le dan sustento y conforman una alianza. El espíritu de una persona es inundado por esa fuerza exterior a él y se produce el nacimiento del hombre waimaku, el kakajam, el hombre visionario, el hombre valiente. Siendo así, ¿Cuál es la función del mito? Palabra y mito, impregnan en los hijos las partículas moleculares de lo que será el ser-social en su futuro, o mejor, dicho de otro modo, la palabra y el mito imprimen en la genética del ser la cultura, los códigos semióticos, pero también lingüísticos, sentimientos y sobre todo prepara al sujeto en su búsqueda de fortaleza de espíritu. He aquí la importancia de la pedagogía awajun en el proceso de formación de los hijos: considera la formación integral del sujeto.

En la actualidad, los jefes cuyas palabras impulsaban el desarrollo del grupo familiar ya no están y su número va en decadencia. Las practicas afirmativas de la cultura y su riqueza se van abandonando en pro del supuesto desarrollo educativo impulsado por el sistema estatal. La voz de los grandes hombres con palabra se está apagando frente a una nueva generación de jóvenes padres que no conocen ni un solo mito y menos las practicas orientadas a la formación física y espiritual de los hijos e hijas del grupo familiar. Para la educación awajun, la lengua materna no solamente se limita a la dotación del habla sino de la formación plena del ser donde se involucra el sentido de etnicidad, la cosmovisión de un pueblo, la disciplina y fortaleza espiritual, etc. Y, para el caso awajun, contraviniendo el postulado de la lingüística, diremos que se trata de la lengua materno-paterno, dado que se trata de postulados especializados, de formas integrales pero diferenciados, marcados y divididos por lo femenino y masculino. Esto es así, porque para los awajun existe la palabra de las mujeres y la palabra de los varones, existen normas y pautas que regulan este mundo diferenciado, pero también puentes que comunican.

Mientras tanto, un futuro incierto se disuelve en el flujo genético y el espíritu del pueblo awajun: con el abandono de las prácticas de comunicación mediante la palabra, con el ocaso de los grandes hombres waimaku, el clima de inseguridad se cierne en todas partes. Pensar la importancia de la palabra, lo que aquí entendemos como lengua, es pensar en los cimientos donde se erige el intrincado universo cultural awajun. El pueblo awajun debe considerar seriamente lo que los hombres con palabra nos revelaron: “se puede matar el espíritu del cuerpo y exterminado el espíritu, el hombre queda sin puerto y vacío”.


Acerca del Autor

Wilson Atamain es antropólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, es el primero de origen awajun que ha podido concluir satisfactoriamente su carrera profesional en dicha casa de estudios. Actualmente radica en el norte de Perú donde efectúa labores relacionadas con la antropología política y jurídica.

Foto de portada: Marco Huaco Palomino.


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lunes, 31 de agosto de 2015

La visión del AJUTAP

Por: Wilson Atamain

Abstract

Las ceremonias de iniciación y el encuentro con seres sobrenaturales descritos por los awajun y en especial relevancia el encuentro con el AJUTAP durante la toma de sustancias psico-activas configuran un nuevo estilo de vida para los hombres. El ajutap según la concepción de los awajun y la experiencia de la visión revelada al iniciado es descrito aquí. Es poco conocido la naturaleza del ajutap, el agenciamiento que produce, la fuerza que activa en el iniciado y la importancia que le dan los awajun a la visión revelada por el ajutap. No obstante, la ciencia de los awajun se abre paso para revelarnos esas misteriosas fuerzas que repotencian el desarrollo del hombre (potencia activa dentro del ser) y generan confianza –la visión- para enfrentarnos al futuro incierto.

Palabras claves: Ajutap, agenciamiento, sustancias psico-activas, cosmovisión awajun.

Durante mucho tiempo ha inquietado a los observadores y aventureros la naturaleza de la cosmovisión de los nativos amazónicos. Relacionados con prácticas demoniacas por los exploradores religiosos que veían a los nativos en ceremonias de ingesta de las plantas psico-activas como el toé y el ayahuasca ampliamente difundidos entre los jíbaros del norte de Perú. Hay un aspecto muy relevante para los jíbaros de lo que poco se entiende y la ciencia es incapaz de describir las misteriosas fuerzas que emanan al interior del hombre cuando éste ha logrado encontrarse con el ajutap. Este escrito da cuenta acerca de esta experiencia y navega desde los propios testimonios de los expertos awajun y la experiencia del autor en sesiones de ingesta durante el viaje al nor-oriente de Perú con el objeto de describir la naturaleza del ajutap, el agenciamiento producido sobre el cuerpo material y el espíritu del hombre; esa misteriosa fuerza que los jíbaros dicen poseer gracias al encuentro con el ajutap. Entonces, ¿cómo se produce esta experiencia? ¿cómo lo experimentan los awajun esta visión y encuentro con el ajutap?

Sustancias psico-activas que conducen al mundo de los espíritus e inmerso en ella podemos hallar la fuerza del arutam o ajutap en awajun. Pero, ¿cómo es posible ello?. Durante las sesiones de ingesta el iniciado se sienta sobre un tronco de madera al caer la noche siendo las 18 o 19 horas en un lugar alejado del poblado y acompañado por un experto ingiere unas tres bocanadas de sustancia de color marrón oscuro y casi gelatinoso de concentrado psico-activo preparado de la liana denominado datem (Banisteriopsis); mezclado esta liana con 6 hojas de otra especie de datem llamada yaji el cual activa las visiones que el iniciado verá durante su estado de trance. Durante todo el día, antes de la ingesta que se da durante el ocaso, el iniciado deberá abstenerse de ingerir alimentos y sólo deberá tomar agua hervida. Alrededor de 5 a 15 minutos se experimenta los primeros efectos de la ingesta, un verdadero viaje al universo desconocido: se oyen zumbidos, movimiento del cuerpo que viaja hacia el infinito, zumbido y sonidos semejantes a los producidos por el aleteo de muchas avispas en el panal, sonidos intolerables para los oídos y el cuerpo, mareos y espasmos en todo el cuerpo. La vida parece pender de un hilo, sólo una diminuta forma de vida semejante a una molécula conserva la vida en un latir mínimo y el cuerpo ya no se siente, gravedad cero del cuerpo y los oídos no pueden oír los sonidos del entorno natural sino los sonidos que se activan en el cerebro. Se experimenta una sensibilidad extrema, los ojos experimentan un cambio y múltiples colores fosforescentes se iluminan en el entorno. De pronto el cuerpo experimenta una convulsión del estómago anunciando las náuseas y pronto se experimentan los vómitos acompañado por una fuerte necesidad de defecar. El cuerpo es impulsado y se arroja a la tierra entre vómitos y los intestinos arrojando restos de la sustancia que el cuerpo no puede tolerar más. Inmediatamente, se aproxima una fuerza que impulsa el cuerpo para tomar su postura en el asiento de tronco de madera, esperando los siguientes ciclos de vómitos, mareos y deposiciones constantes.

De pronto se oye un sonido, un agente no identificado toca la puerta, es el ajutap y pronto el malestar cesa experimentando el cuerpo una infinita calma y paz. En ese instante se tiene los ojos clavados por una especie de gafas compuesto de partículas de vidrios rotos y se observa desde esta las visiones que se presentan como si se proyectaran en una pantalla de televisión. En tanto, el ajutap con potente voz acompaña en el tránsito a los diversos universos, encuentros con seres conocidos y desconocidos, seres espeluznantes como serpientes y demonios, hombres rodeados de serpientes, luz irradiante sobre el cuerpo del shaman, entre otras experiencias. En la escena proyectada el ajutap nos muestra una tercera persona y nos habla en referencia a esa persona y el ajutap por regla general nunca se refiere a la persona del iniciado directamente; lo que el iniciado comprende que lo indicado o referido por el ajutap en realidad se refiere a él. Lugares desconocidos, serpientes y bestias temibles se aproximan a los ojos como visiones, cuando este es muy terrible para los gustos se puede expresar chuu que es una interjección en awajun para auto-afirmarse como hombre valiente, entonces automáticamente desaparece dicha visión y se nos presenta otra.

En tal estado, se presenta el espíritu ajutap, anunciando la visión que revela al iniciado situaciones vivenciales que experimentará en el futuro o la dotación de una fuerza que marcará la diferencia otorgando habilidades y carácter especial a la persona. El ajutap tiene figura de ser humano, con arma sobre el hombro o simplemente con espléndido atuendo, de elevada estatura, es el espíritu de un ancestro. Siempre en tercera persona cuando se refiere al iniciado -que este es un gran guerrero, este vive en abundancia, este es valiente de cuya voz emerge sabiduría y es oído por muchos, este vive y experimenta sus años de vejez, aquél recibe los saludos en reconocimiento por sus aportes al conocimiento y las artes, este realiza largos viajes, etc.-, el ajutap guía al iniciado durante el tránsito a través del misterioso mundo de lo desconocido, hacia universos múltiples y distantes. Algunas visiones en específico presentan a la futura esposa que el iniciado tendrá: el ajutap dice “observa, esta es la mujer de aquél hombre que vive en abundancia, rodeado en su regazo por hijos”. En este último caso, la identidad de la mujer no es revelada, la mujer siempre se presenta frente al iniciado de pie pero de espaldas con un atuendo particular o una actividad específica que revela al iniciado cierta noción sobre lo que la mujer será o la labor que realizará en el futuro cuando esta se convierta en su esposa. Otra revelación del ajutap anuncia que la vida prolongada del hombre estará caracterizado por su ejercicio como líder y será escuchado entre sus pares (chicham antuntai); poder y afirmación de líder, su legitimidad, lugar que ocupará en la sociedad.

Entre las revelaciones o visiones que otorgadas por el ajutap también se encuentra el don para la guerra, la posibilidad de convertirse en un hombre para la guerra, lo que en el fondo significa el devenir asesino del hombre. Generalmente cuando el iniciado busca efectuar una venganza y retribución que debe pagarse con la muerte del enemigo, el ajutap dota de poder y capacidad para tal acto y se cree que el que no tenga esa visión, otorgada por el ajutap, no tendrá la capacidad para matar; las manos de un waimakchau temblaran a la hora de empuñar el arma y será presa fácil para su enemigo. Se necesita, un waimaku para el éxito de la guerra y la venganza contra el enemigo: hace falta un waimaku para enfrentar a otro waimaku. Sin embargo, los awajun nos comentan que actualmente no se buscan tales visiones, es decir, el waimamu que convierte al hombre en ser para la venganza no es lo que se busca; al contrario, los iniciados dicen preferir visiones que se relacionan con su carrera profesional, sus actividades productivas y sobre todo la posibilidad de conocer a la futura esposa.

El waimaku es el que ha visto la visión y poseedor de una fuerza y energía otorgado por el ajutap. Los awajun denominan waimaku a los hombres que han tenido un encuentro con el ajutap, waimaku se asocia con la raíz waimat. Waimat es el verbo que indica la acción y efecto por el cual un individuo ha logrado obtener una fuerza otorgada por el ajutap; este individuo no es sólo un sujeto simple sino un “hombre con voz”, no sólo es un hombre, es un hombre que ocupa un lugar en la sociedad y en él se impregna una fuerza y don que diferencia al waimaku del hombre común que no ha tenido semejante experiencia. Diferencia sustancial al que los awajun denominan waimakchau cuando un individuo no ha logrado obtener la fuerza otorgado por el ajutap. Ser waimakchau es una gran desventura para los awajun: aquél no podrá ocupar un lugar entre los waimaku, su voz no será escuchado, no tomará esposa entre las mujeres del poblado, no ocupará un lugar entre los adultos, carecerá de valor para afrontar las adversidades de la vida, será vulnerable frente a sus enemigos, su espíritu débil será blanco fácil ante los ataques de los virotes de la muerte lanzados por los brujos, entre otras desgracias. No es difícil bajo este concepto del waimak que actualmente se le asocie con la obtención de un título profesional en alguna especialidad de las ciencias. Entre la nueva generación de jóvenes el waimak es haber adquirido conocimiento y especialidad en tanto genera un capital simbólico y también otorga una herramienta de trabajo.

Se ha sugerido que el ajutap es Dios para los awajun. Este pusilánime y grotesco pensamiento, desbordando la realidad del universo awajun, ha sugerido que los awajun al no tener información y conocimiento sobre el Dios cristiano, por cuanto se hallaban aislados de la “civilización cristiana”, a duras penas han concebido una noción débil y rudimentaria de Dios denominándolo ajutap. Lejos de ser verdad, la evidencia constatada por los antropólogos es precisamente lo contrario; en toda la literatura escrita sobre el pueblo awajun se observa una organización de tipo horizontal: economía de intercambio, política sin Estado jerárquico, religión sin Dios ni cultos. Será inconcebible para el pensamiento occidental y también para la sociedad andina pensar una organización social sin el centro de poder, sin gobernantes y dioses que legitimen la organización jerárquica del modelo vertical estructurado. Para la concepción jibaro, tanto los seres reales del universo como los seres que habitan el mundo espiritual son amigos o enemigos. El ajutap se ubica entre los aliados, pero el espíritu del iwash (espíritu maligno) puede hacer daño; el cuñado, el hermano, el padre de un sujeto en la vida real puede ser amigo y aliado frente a una inminente amenaza mientras que el extraño, los no familiares, los que en el pasado tomaron la vida de un familiar en las incursiones de guerra son enemigos potenciales y el establecimiento de relaciones con ellos siempre genera situaciones peligrosas. A diferencia de la religión cristiana, la religión de los jíbaros awajun no venera u ofrece culto al ajutap, solamente se ofrece respeto y admiración. Respeto y consideración aquí no se entienden como adoración: el respeto por un amigo o consideración de las fuerzas del enemigo.

Para la concepción awajun, el encuentro con el ajutap configura todo un estilo de vida, activa una potencia, ofrece el camino para convertirse en verdadero hombre y ocupar un lugar en la sociedad awajun. Lo que ha manifestado el ajutap, la fuerza que otorga el ajutap se constituye en impulso, en el principio rector, el motor que agencia grandes fuerzas. Por tal motivo es valorado entre los awajun el waimat en tanto el ajutap genera un agenciamiento que activa el desarrollo de la persona, el desarrollo tanto físico –el iniciado se llena de fortaleza física, pierde el desgano y la pereza- como espiritual –el iniciado pierde temor, se llena de coraje, su fortaleza emocional es conocido.

Actualmente son pocos los iniciados awajun que experimentan con las prácticas de ingesta de las sustancias psico-activas, la erosión y el abandono de estas prácticas es evidente en los últimos años, lo cual configura un gran vacío que no está debidamente sustituida por otra práctica equivalente. Son escasos los padres que usan los valores del waimat para transmitir a sus hijos la necesidad de fortalecerse como sujetos. Aquellos padres usan los valores del waimat y dicen a sus hijos: tienes que ser un waimaku, debes ser fuerte, debes alcanzar tu formación profesional, debes aprender a trabajar, desarrollar una fortaleza emocional, obtener el espíritu de guerrero para hacer frente a los embates de la vida. El desarrollo integral de la persona tanto en el sentido físico, emocional y espiritual fue el objetivo máximo del waimamu y la experiencia del ajutap otorgaba ese impulso o principio motor: antes que los teóricos de occidente formulasen el índice de desarrollo humano y el fin máximo del desarrollo concebido en la posibilidad de ampliar la capacidad del hombre, los jíbaros ya lo habían formulado y puesto en práctica.

Acerca del autor: 

Wilson Atamain, es antropólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, es el primer antropólogo de origen awajun que ha podido concluir satisfactoriamente su carrera profesional en dicha casa de estudios. Actualmente radica en el norte de Perú donde efectúa labores relacionadas con la antropología política y antropología jurídica.   

Foto por Marco A. Huaco.
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